El ventanuco, 2006.

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  FOTOS MONOGRÁFICOS 2005: VALLE DE MENA Y MERINDADES.
 
     
 

“Ciudad Rodrigo y las Edades del Hombre”

               
                               Cualquier rincón de Salamanca que se visite rezuma arte y cultura. Es un derroche para los sentidos incluso con la canícula en su apogeo.

Desde el valle de Mena hasta Ciudad Rodrigo, a escasos kilómetros de Portugal, se tardan seis horas de autobús pero son seis horas llenas de contrastes, discurre por Burgos, Palencia, Valladolid y Salamanca. 

Antes de cruzar la muralla de Ciudad Rodrigo, declarada Conjunto Histórico Artístico, la visita ya promete: Tres columnas romanas a modo de templete nos dan la bienvenida y tan majestuosas son que han acabado por ser el emblema y escudo de la ciudad. Representan el tripartito romano (Salamanca, Ledesma y Ciudad Rodrigo).

Anteriormente a los romanos dejaron su impronta los vetones_celtas con un verraco de piedra que hoy está colocado enfrente del parador de turismo y que según cuentan, un buen día, los ciudadanos, en un momento de cabreo, lo arrojaron al río Agueda.
 

Atravesamos la doble muralla por una de las seis puertas y la historia empieza a fluir. Nos acompañan durante todo el día una cantidad ingente de vencejos que no cesan de emitir sus sonidos y vuelos rasantes de bienvenida, sin olvidar a las cigüeñas que nos miran impávidas  desde las torres. 

Ciudad Rodrigo tomó su nombre del conde Rodrigo González, quien repobló el lugar.

Hemingway la definió como “una joya todavía desconocida por los españoles” no así Wellington que fue nombrado duque de Ciudad Rodrigo por las cortes de Cádiz.

 Dos horas pateando la urbe a 34 grados pero sin perder “patada” gracias a la labor de una guía: palacios por dentro y por fuera, patios, iglesias, jardines, paseo por la muralla, torres, museos, exposición de muñecas y juguetes antiguos…

Y algo que tenía ganas de contemplar como es el interior de un ábside románico-mudejar ¡solo esta joya bien merecía la pena el viaje!
 

Estos de la saga de los Trastámara están por todas partes sobre todo Enrique II que después de decapitar a su hermano Pedro I, lo mismo lo ves relacionarse con la torre de los Velasco de Villasana,  que aparece en La Rioja, que se construye la torre de Ciudad Rodrigo (parador de turismo). 

La tarde se presentaba interesante con la exposición de la decimotercera edición de las Edades del Hombre en la catedral. Pero yo tenía interés por algo que llevaba tiempo anhelando: la sillería del coro de la catedral.

Enrique II

 

Pedro I


Aún visitando la exposición con guía, visualizar 204 piezas con 125 temas iconográficos de estilos románico, gótico, renacentista, barroco, neoclásico y  moderno, de entre los siglos X y XX, no lo aguanta ni el más pasota de los catedráticos de arte.

A la media hora de recorrido tenía ya el disco duro (la cabeza) lleno de virus de arte religioso: tallas, iconos, lienzos, tapices, relieves en madera, piedra, alabastro, marfil, nácar… pinturas, libros, vidrieras…y aunque el Pantócrator intentaba poner orden los virus se comían el protocolo de mi disco duro.

 Solo cuando escuchaba nombres de escultores como Pedro de Mena, Balmaseda, Berruguete, el del retablo de Villalcázar de Sirga, o Diego de Siloe, el del santa Casilda de Briviesca, me fijaba en la obra.

La sillería del coro de la catedral se hizo de rogar pero cuando por fin apareció ¡Que arte! . De madera de nogal parecía recién tallada pero se comenzó en 1498, a finales del gótico, por el maestro Rodrigo, el alemán. Eche en falta el facistol, pregunté y lo habían retirado para colocar la exposición. Setenta y dos asientos todos tallados y con una decoración muy variada no se ve en dos minutos. No he visto sillería de coro más bella, ni Silos, ni San Millán de la Cogolla, ni Oña… 

Me marche de Ciudad Rodrigo con muchos pesares: no haber sacado una foto a las columnas romanas ni al verraco, no haber estado más tiempo en el coro de la sillería y no haber comprado un catálogo de “Kyrios” la decimotercera edición y última de Las Edades del Hombre.

 Si Dios quiere volveré.

 
 

BRAVOS Y MORRILLAZOS.

V A C A C I O N E S


 
     
 

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