El ventanuco, 2005.

Actualidad y opinión sobre El Valle de Mena

 
 

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“Una guía para perderse”
 

 
 

Hay días que las situaciones más sencillas se complican de tal manera que cuesta trabajo salir del atolladero.
Como una de tantas veces que se visita la comarca de  Las Encartaciones, se organiza una salida de medio día para un grupo de 54 personas que es la capacidad de un autobús.

Una salida muy sencilla de medio día: ferrería de El Pobal en Sopuerta, la torre de Loizaga con la mayor exposición de Rolls Royce del mundo en  el municipio de Galdames y vuelta a Sopuerta para comer en un prestigioso restaurante. Después regreso a Bilbao.

Para coordinar el viaje se busca a una guía que conozca el recorrido, los enclaves turísticos a visitar y se adapte al perfil del grupo.
Se llama a una guía el día anterior por la tarde.
Todo parece fácil en comparación a los trabajos que está acostumbrada a realizar esta guía.

A las 9h 30 y con un día espléndido como se ven pocos en Bilbao comienza la salida. Hay que recoger dos grupos en dos hoteles de la capital y el tercero en Algorta.
Desde el autobús y pasando por el Campo Volantín sale al encuentro el Guggenheim, luego el futuro miembro del Patrimonio de la Humanidad, el Puente Colgante de Portugalete y municipio que fue de las Encartaciones.

En Algorta y una vez el autobús completo, se inicia el camino hacia la ferrería.

Primer fallo de la guía: No presenta al conductor, cuando sabe que en un viaje en autocar son un tripartito donde los tres miembros son igual de importantes (turistas, conductor y guía).

El trayecto hasta el primer objetivo que es la ferrería transcurre normal. La guía hace una introducción a la comarca de Las Encartaciones primero en el aspecto geográfico, demográfico y medio ambiental

Se llega con puntualidad a la ferrería pero ha llegado un grupo de escolares y hay que esperar para organizar las dos visitas.

Una de las guías del local se encarga de mostrar la ferrería, el molino y el conjunto de edificios. Mientras, la guía del grupo hace las labores burocráticas de pagar la entrada y comentar con el chofer el recorrido hasta la torre de Loizaga en el municipio de Galdames, a escasos 20 minutos de la ferrería. Se da la casualidad que ni el chofer ni la guía han ido nunca a la torre desde Sopuerta. La guía ha ido varias veces pero siempre desde el municipio de Güeñes y conoce la carretera que sube a la torre llena de curvas y muy estrecha.  Sabe que está indicada la entrada a la torre con carteles lilas, los típicos que señalan un enclave histórico-artístico. Como tiene algunas dudas llama a la oficina de turismo pero nadie contesta.

Después de una hora de visita en el complejo siderúrgico, el grupo sale encantado y no es para menos puesto que es una experiencia poco usual en los tiempos que vivimos.

Para llegar al aparcamiento hay que subir una pequeña cuesta a pie ¡Y aparece una culebra! La culebra de collar (natrix natrix). Es chocante que la guía se pasa todo el año en el monte y tiene que venir al asfalto para ver el reptil. Se le comenta al grupo que no es una víbora sino  una indefensa culebrilla asustada.

De nuevo, todos en el autobús se avanza hacia el segundo objetivo de la mañana: La torre de Loizaga con la exposición de 73 coches, 43 de ellos Rolls Royce y hoy solo se  abre para el grupo.

Primer patinazo del chofer: no ve los carteles indicadores y se pasa la entrada, enseguida se da la vuelta y se coge la carretera indicada. Al autobús le sigue un coche que se ha unido al grupo. Algunas personas manifiestan que tienen sed pero en el recorrido no hay bares sino muchos montes

Carteles continúan indicando la torre de Loizaga pero al coger un desvío ¡un puente por el que el autobús no pasa! ¿y ahora que? Un puente romano como los que hay en Mena  tan parecido como que corresponde a la calzada (Flaviobriga-Pisoraca) que pasa por el valle de Mena.

Algún autocar se había llevado las barandillas de ambos lados del puente y solo pueden pasar coches y con cuidado. Es obvio que los romanos desconocían la envergadura de un autobús cuando construyeron el puente.

 Segundo error de la guía: no sabe que es muy fácil salir de allí, solo hay que dar hacia atrás y coger de nuevo la carretera puesto que  más adelante hay un desvío para vehículos grandes. El conductor se entera y en tres minutos se está de nuevo en ruta. Esta situación crea cierta inseguridad en el grupo pero es momentánea.

El pobre vehículo va subiendo y al mismo tiempo bordeando una ladera con un paisaje típico encartado: montañas, bosques de pinos y caseríos dispersos. Al mismo tiempo, los visitantes escuchan la historia de la zona tan accidentada como su orografía.

Por fin se divisa la torre a lo lejos pero el camino es estrecho y lleno de curvas, si aparece un vehículo de frente va a ser complicado ¡ y tan complicado que apareció un camión de obra!.

El personal venía sediento, mareado de tanta curva (eran de la costa levantina) y medio dormidos pero  cuando vieron el poderío de la torre y sus 6 pabellones les cambio la cara. Resulta más interesante observar los rostros y comentarios de los visitantes que la propia exposición. En una hora el encargado de la torre enseña “el dinero invertido en lujo”, una auténtica fortuna que contrasta con la carretera por la que han pasado todos aquellos coches. Más que carretera parece una senda de elefantes.

Son las 14h 20 y hay que volver hasta Sopuerta, en el barrio de El Carral está el restaurante, en el caserío Mendiondo.

Tercer patinazo de la guía: sabe donde está el restaurante pero la ubicación exacta no.  Hay que subir una pequeña cuesta que ella no ha subido puesto que no ha ido nunca al restaurante.

Es mejor que todos se bajen en el aparcamiento de la carretera y suban andando aunque desde la empresa, que ha contratado la guía, se insiste en que suba el autocar hasta la misma puerta del caserío Mendiondo.

Tan a punto que aparece el encargado de la torre y dice que suba el autobús hasta el mismo Mendiondo. El vehículo sube y claro el aparcamiento no es precisamente el de Eroski center. El personal llega al restaurante diez minutos más tarde de lo previsto. El autobús no puede dar vuelta y allí no puede quedarse.

Sale el dueño del Mendiondo, se quitan coches aparcados y aun así el vehículo no puede dar vuelta. Aparece un cocinero nervioso diciendo al dueño que hay unas cuantas personas más de las previstas (las del coche).

El dueño lo soluciona todo, el autobús logra enfilar cuesta abajo.  Y la guía tiene que darse prisa para coger otro autobús.

“El éxito consiste en ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo”

¿Has adivinado quién era la guía?

 

 

 

BRAVOS Y MORRILLAZOS

 

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UN BRAVO PARA LOS LIBROS por los conocimientos y sorpresas que encierran. Leyendo el libro “Manuel María Smith  arquitecto…”cuya autora es Maite Paliza  me encontré esta grata sorpresa: los dibujos de dos joyas arquitectónicas románicas menesas (la tapa del sarcófago de Vivanco y la iglesia de Vallejo). Se ve que la espadaña actual de la iglesia no le convencía y diseño una más acorde con su gusto.

El arquitecto Smith ha dejado un legado impresionante de edificios  con una tipología muy particular de clara influencia inglesa como son,

entre muchos, el hotel Carlton de Bilbao, la residencia de Lezama Leguizamon, el edifico Sota y la obra que me llevó a leer el libro: la capilla de los San Pelayo de la iglesia de San Severino en Valmaseda.


UN BRAVO POR LA EXPOSICIÓN Y CHARLA SOBRE MICOLOGÍA que se celebró los días viernes 14, sábado 15 y domingo 16 en Lezana de Mena.
Cuando las cosas se hacen sencillas pero bien trabajadas es una delicia disfrutarlas.

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UN MORILLAZO DE PIEDRA CALIZA DE LA PEÑA EN FORMA DE POLLO PARA EL REVUELO QUE SE ESTÁ FORMANDO EN TORNO A LA GRIPE AVIAR. MUCHAS VECES SE ALARMA A LA SOCIEDAD INNECESARIAMENTE.


UN BRAVO PARA EL INGENIO DEL SER HUMANO. Hace ya muchos años que la proliferación de jabalíes está causando muchos quebraderos de cabeza. Provocan accidentes de tráfico, destrozan huertas y praderas y campean a sus anchas por donde les place. Y no hay manera de ponerles freno. Ahora parece que de momento surge efecto algo increíble: colocan pelo humano por los lugares que frecuentan los jabalíes y parece que así no entran a destrozar. El jabalí olfatea el olor humano y no entra en la finca.

Las peluquerías no dan abasto.

   
 
     
 

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