El ventanuco, 2005.

Actualidad y opinión sobre El Valle de Mena

 
 

 

Valle de Mena.      

 
 

Ventanuco
julio

Sugerencias (Libros...)

Actividades
(Exposiciones...)

Próximas Excursiones

Recuerdos (Fotos...)

Opiniones Recibidas

Otras WEB

Ventanucos pasados

 
 
 

MONOGRAFICOS “VALLE DE MENA” SEXTA EDICIÓN AÑO 2005.

 

COMENZAMOS A MEDIADOS DEL MES DE JULIO CON DOS SALIDAS SEMANALES. UNA POR EL VALLE DE MENA Y LA OTRA POR LAS MERINDADES

   

“LA CULTURA DEL PRADO” 

El mes de junio y parte de julio son los meses de mayor actividad en el microcosmos rural. La siega y recogida de la hierba es todo un ritual aquí en el valle y en los alrededores.
El prado es un ecosistema fruto de varios siglos de intervención del hombre en la naturaleza, está en continuo cambio, gira en torno a los núcleos rurales y es el hábitat de las vacas que pastan en Mena.
Se distinguen varios tipos de praderas: la pradería de montaña, los prados de siega, las praderas artificiales (alfalfa, esparceta…) y los prados que son pastados todo el año y por consiguiente no se siegan.
La pradería de montaña se localiza principalmente en las laderas y lomas de la cordillera del Ordunte, donde el ganado (vacas, caballos…) pastan prácticamente todo el año, no se siegan ni tampoco se abonan, aunque en los últimos años se fertilizan con abonos minerales.
Parte de la pradera del Ordunte es consecuencia de las talas, deforestaciones y sobre todo incendios.

La vaca monchina ha campeado a sus anchas por estos bellos, empinados, sabrosos y nutritivos pastos. Ahora todo es una mezcolanza de ganado. 

Bajando de las montañas y acercándonos a los valles de Mena, los prados dan la fisonomía de un valle lleno de matices en verde. Junio es, sin duda, el mes más bello del año en Mena y se lo debe a la siega de los campos.
La siega se lleva a efecto una vez al año y hasta ese momento se trata a la hierba con verdadero mimo. En octubre y noviembre se abonan las fincas con el estiércol seco de las cuadras, que durante el año se ha ido depositando en una pila fuera de los establos. Durante los meses del invierno el prado permanece en reposo y muy al principio de la primavera se meten las vacas para que pasten y limpien la finca. Allá por abril se suele fertilizar con abonos químicos y ya se deja crecer la yerba (palabra admitida por la Real Academia de la lengua) hasta la siega.
Si la primavera es lluviosa, aquí es frecuente, saldrán abundantes y tiernas gramíneas y leguminosas. Cuando los campos empiezan a perder, un poco, ese verdor rabioso y se ve algunas gramíneas amarillear es el momento de la siega. No hay que dejar que un prado amarillee porque todas las proteínas de la hierba se habrán perdido y el heno se convierte poco menos que en paja.
Es fundamental recoger la hierba en buenas condiciones porque es el alimento para el ganado en los meses del invierno.
Hoy todo el proceso de siega y recogida se hace con maquinaria pero cuando yo era pequeña era todo un ritual:
Los prados eran en su mayoría pequeños, no llegaban a una hectárea (10.000 m2) ahora después de la concentración parcelaria hay fincas que superan las 15 hectáreas.
Se empezaba a segar bien de mañana con la “Vertolini” una segadora donde el segador va andando y guiando la maquina, parecida a un cortacésped. Todavía se ven hoy  por los valles pasiegos cántabros. 

Poco a poco la hierba iba perdiendo su altivez para acabar regada por los suelos. Si por la mañana se segaba, por la tarde con todo el sol y calor se iba con la rastrilla a dar vuelta y remover las camadas de hierba para que se secase por todos los lados. Toda la familia se repartida por el prado con sus rastrillas. A veces encontrabas víboras y culebras debajo de la hierba enroscadas. Ni que decir tiene que cundía el pánico y se liaba toda la familia a rastrillazos con el reptil. Unas veces se rompía la rastrilla y se escapaba la culebra, otras veces era lo contrario pero para el resto de la tarde ya veías víboras por todos los lados. Hoy se que las culebras son inofensivas no así las víboras.
Lo mejor de la tarde con un calor sofocante y la rastrilla dale que dale era la merienda. Para estos días de la siega se empezaba el jamón de casa y era casi tan bueno el tocino como el magro. Si el jamón estaba un poco salado, la gaseosa “La  casera” con un poco de vino era el mejor refresco.
Hasta que no se acababa de dar la vuelta a toda la yerba del prado de allí no se movía nadie. Muchos vecinos se juntaban y hacían la siega y recogida del heno en perfecta armonía. Hoy las cosas han cambiado y campea el individualismo.
La lluvia es el peor enemigo de la siega. Si por la tarde salía el viento norte ya el riesgo de tormenta estaba descartado pero si la tormenta aparecía y la hierba se mojaba todo el trabajo se iba al garete y había que volver a rastrillar para secarla. 

Al día siguiente por la mañana otra vez con la rastrilla y por la tarde se ponía en hileras para ir cargándolo en los carros, se llevaba a las casas y se empayaba en los pajares o se hacían hacinas en las cercanías de las casas.
Era el peor trabajo porque había que subir la hierba escaleras arriba y luego pisotearlo en el pajar donde apenas había ventilación.
Pero enseguida vinieron las máquinas empacadoras o enfardadoras y aquello ¡si era progreso!. En poco tiempo, una enfardadora engullía toda aquella hierba que tan bien conocía la rastrilla y acababa empaquetada y atada con cuerda en pequeños fardos.
Yo, pequeña y flacucha no podía ni mover ni levantar aquellos gigantescos fardos así que mis tíos siempre me decían: - Chiqui, vete para la casa.-
Pero yo hacía poco caso y andaba detrás de aquel artilugio de máquina observando como primero tragaba la hierba por delante y enseguida la lanzaba por detrás ya atada en fardos; y también  como mi padre maldecía el artilugio cuando se estropeaba y  lanzaba los fardos sin atar con cuerda. 

Y así año tras año y han pasado cuarenta. 

Hoy, esta cultura del prado ha cambiado mucho. En un día, la hierba se siega y se recoge en grandes bolsas de plástico. El hombre no la toca y no se espera a que el sol la dore y la seque. Se tiene demasiada prisa para todo o ¿es el progreso?.

Se ha comprobado que esta nueva técnica de recogida empobrece el prado porque no deja caer la semilla pero los abonos químicos dicen que hacen milagros. 

Subir  a La Peña este mes de junio y otear el valle es de una belleza que raya con la perfección. Los prados todos tienen un verde distinto porque no todos se han segado a la vez y entre medio de ellos hay hileras de árboles o sotobosques, sin olvidar los campos que aún quedan por segar y los prados que se ve que son pastados todo el año.
Muy cerca de este paisaje aparecen diminutos pueblos como si desde el cielo los hubiesen dejado caer como suaves parapentes.
Pero este paisaje y esta cultura del prado van camino de desaparecer y las fincas acabaran convertidas en urbanizaciones, pabellones industriales y sabe Dios cuantas cosas más.
Y quienes en el futuro las habiten no sabrán que primero estuvieron tapadas por el mar, luego fueron frondosos bosque, más tarde dorados páramos de trigales y ahora, por el momento, fértiles prados.
Pero a los meneses siempre nos quedará el recuerdo, que no es otra cosa que MEMORIA VIVA.
 


 


 


BRAVO POR EL CONSEJO DE EUROPA por condecorar a la FERRERÍA DE EL POBAL e incluirla en la relación de bienes culturales del itinerario transfronterizo denominado “La ruta del Hierro en los Pirineos” también incluye el museo Chillida-leku.



BRAVO POR LOS 70 VISITANTES DEL PUEBLO DE ATAUN (GUIPUZCOA) que visitaron Valmaseda. Ha sido el grupo más numeroso que he guiado por la villa de Valmaseda. Pero sobre todo Bravo porque me “guiaron por la vida” de su paisano JOSE MIGUEL DE BARANDIARAN. Todos le conocieron y me relataron con respeto y cariño la historia de su ilustre y sencillo vecino.

Fue un placer.



BRAVO POR EL SAUCO, LA MADRESELVA Y LAS CEREZAS. Este mes de junio la floración del sauco y la madreselva ha sido espectacular. Y los cerezos han dado una cosecha excelente de jugosas cerezas.


 
     
 

Ir a El Ventanuco