El ventanuco,
2004.

Actualidad y opinión sobre El Valle de Mena

 
 

 

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El ventanuco de Chillida

Hay veces, que sin saber el porqué intuyes que vas a ser feliz en un determinado lugar sin haber estado antes en él.

Desde el otoño del 2000 llevaba yo queriendo acercarme a Chillida leku. Algunos conocidos me han hablado, a lo largo de estos cuatro años, de la finca donde Eduardo Chillida creó su particular diálogo con la naturaleza.

Por fin llego el día y como no podía ser menos, un día radiante, lleno de luz.

Por arte de magia a las 10h15 estaba en la entrada pero antes, en el aparcamiento, un grupo me confundió con la guía que les enseñaría posteriormente el museo. Creo que llevo un cartel en la cara que dice “GUIA”. Luego, cuando nos cruzábamos por el recinto nos reíamos.

El primer contacto con Chillida leku fue caótico. Hay cámaras de seguridad hasta en las ramas de los árboles. Al entrar tuve la sensación que me colaba en un supermercado pero de lujo: un prendedor de pelo 9 euros, un libro delgado, tipo catálogo 15 euros, un pañuelo 80 euros…En resumen, un comercio a base de una vida artística. Yo no entiendo el arte de esta forma, debe ser el marketing yanqui.

Se paga una entrada de 7 euros y luego si quieres ir acompañado de guía, un suplemento de 4,50 euros. Como hay gente adicta al café y no hay cafetería pero sí unas máquinas estupendas pues ahí empezó mi lucha titánica con el aparato expendedor del aromático líquido.

El amor-odio entre las máquinas y yo es recíproco. Meto el dinero y me lo expulsa, vuelvo a meterlo y doy a otro botón, me lo vuelve a escupir. Alguien me apunta que dé a otro botón, doy y por fin se traga los 60 céntimos. Ahora hay que elegir tipo de café pero antes había que haber dado al botón del azúcar y no di, luego café sin azúcar. Se oye como cae el líquido, se abre un diminuto ventanuco y aparece un vaso de plástico, voy a cogerlo y no se despega de la máquina.

A todo esto, la cámara gravando, por encima de mi cabeza, la odisea. No sé que sabor tendría el café, no era para mi pero trabajo me costó y eso que alguien me iba dando las pautas a seguir. ¡Qué inepta la Irene!.


Mientras andábamos en tratos con el susodicho aparato, una persona del grupo había desaparecido pero no era cuestión de andar
buscándola por 12 hectáreas de terreno.

Empieza la visita guiada con un sol radiante y una guía visiblemente nerviosa. Esto al comienzo, es normal hasta que se hace “un barrido de grupo” es decir, se sondea uno por uno a tus acompañantes, éramos 18-20 personas. A los cinco minutos era una bendición seguir sus pasos junto a todos los miembros de un grupo variopinto, nada homogéneo.

Desde que pisé la hierba para ver las piezas más de cerca hasta que salí tres horas después, me sentí como si estuviese flotando libre por los prados del valle. Palpaba los cuatro elementos de la naturaleza: el agua se hacía notar en el rocío de la hierba, el aire lo respiraba, la luz era tan intensa, con tantos matices, con tanta fuerza que aún con gafas de sol tenías que fruncir el ceño y estaba la tierra, que esta vez, sobre su regazo sostenía complacida algo que jugaba, bailaba y se integraba con ellos cuatro. Eran unos hierros muy raros de muy variadas formas (algunos con cuernos), tamaños, colores y materiales. Iban saltando por la loma y se dispersaban a su antojo eligiendo su lugar favorito. Allí donde unos altivos árboles con las hojas recién estrenadas se colocaba otro árbol de acero cortén, que los cuatro dioses de la naturaleza (agua, aire, luz y tierra) le habían otorgado la pátina del color pardo rojizo.

Un poco más allá, otra mole, esta vez de granito indio, igual que un verraco o un mikeldi pacía placidamente. Pero según la guía, aquello no era ningún verraco sino una pieza relacionada con el aire. ¡Pues si ella lo dice, verdad será!.


A medida que avanzábamos, íbamos conociendo a un hombre a través de sus hierros y sus piedras, profundamente preocupado por perfeccionar su idea sin dañar la materia.
Tuve las mismas sensaciones que cuando visite la Barcelona de Gaudí ¡Qué creatividad!, ¡Qué pureza!, ¡Qué perfección!, ¡Qué ideas más claras! Esta gente no se tenía que morir nunca.
Su número favorito era el tres, sus obras descansan sobre tres puntos de apoyo. Chillida no debió de sufrir en sus carnes “la visita” de una tercera persona en su relación de pareja.

A lo largo del recorrido, la guía comenta la forma de trabajar el acero cortén y la manera de ensamblar las piezas que raramente utiliza la soldadura. Se menciona varias veces la cola de milano. Yo creía que era una cola pegamento pero me extrañaba que habiéndome criado entre carpinteros no hubiese visto u oído la cola de milano. Casi al final entendí que era la forma de juntar varias piezas a modo de cola de milano ya que los milanos, sobre todo, el milano real, la tiene ahorquillada, como dientes de sierra, y las piezas encajan perfectamente unas en otras.

Se dice también que el escultor tenía un taller en Reinosa (Cantabria), luego, tuvieron que pasar, tanto él como sus obras, por el valle de Mena. Y no se enteró que estaba atravesando toda una obra de arte, ¡eso sí! tuvo tiempo para sacarse unas fotos con el Pablete. Podía haberle dedicado a la Peña aunque solo fuese una púa del peine de los vientos. La hubiésemos colocado en el Ordunte y así lucharía contra los futuros molino de aire, viento. O se aliaría con ellos ¿Quién sabe…?.
Pero la sorpresa vendría después.

El caserío Zabalaga es punto y a parte.

Antes de entrar y mientras la guía hacía una introducción al edificio, vi algo que me fascinó: entre las piedras, en los huecos de la fachada había dos pájaros distintos que, ajenos al ajetreo de los humanos, entraban y salían sin parar. Habían elegido el caseretón para criar a sus polluelos y uno de ellos me pareció un herrerillo.
Pensé: -¡Hasta los pájaros disfrutan con Chillida!.
Al atravesar el umbral descubrí el ventanuco del escultor. Hasta ahora no había visto una casa tan bien decorada, solo contaba con el esqueleto. En el vacío también hay belleza. A partir de ese momento poco me importaron las figuras en alabastro, en terracota ni tan siquiera los trabajos en madera, solo tenía ojos para la estructura del viejo caserío y la luz del sol que entraba por el este con los rayos más puros como en el románico.

Se acababa de inaugurar “Divertimento”, la obra más íntima del autor con algo de pintura. Observé varios cuadros con una peña azul oscuro, casi morado al fondo y a sus pies un valle verde. Dicen que lo pintó en un pueblo con molino…

Cuando salía del cascarón tuve la sensación que había contemplado la obra de un hombre gris. No sé lo que pasó pero era tal la fuerza, el magnetismo que una lágrima brotó, no sé bien de donde, se deslizó por mi cara, cayó en el acero cortén y desapareció. Al instante, gravité no sé si en espiritualidad, en arte, en misticismo…
Fue un instante infinito lleno a rebosar de serenidad, dulzura, belleza, pureza, ternura, color, música, calor. ERA LA FELICIDAD.

GRACIAS CHILLIDA LEKU.

 


BRAVOS Y MORRILLAZOS

 

BRAVO

Por la asociación Karrantza Naturala por su empeño en la defensa de los montes del Ordunte en contra del parque eólico. Han denunciado al gobierno vasco ante la U.E.
(pincha)


 

UN MORRILLAZO DE PIEDRA CALIZA DE LA PEÑA  mezclada con el agua del río Romarín para la persona que ha cerrado su cauce. ¿Son los arroyos y ríos propiedad privada?

 


 

   


UN MORRILLAZO DE PIEDRA CALIZA DE LA PEÑA en forma de edificio de desinfección  para todo el pleno del ayuntamiento del valle. Los unos por los otros, la casa sin barrer. Unos por no abrir una vía de diálogo, un tripartito (ganaderos, oposición y ellos mismos). Y los otros, por no saber aguantar el chaparrón de la negativa, a su propuesta, del grupo mayoritario y coger las de Villadiego. Resumiendo: ¿Es necesario un centro de desinfección de vehículos de ganado en el valle?. Yo no tengo la respuesta pero nada cuesta preguntar a los ganaderos.


UN BRAVO UN POCO TRISTE por el párroco del santuario de Cantonad: don Gregorio. Este año no pudo acudir a concelebrar la misa de nuestra Patrona. A lo largo de su longeva vida, tiene 80 años, no ha faltado.

      Me imagino que si algo hizo mal a lo largo de su vida ya lo habrá purgado y la Virgen de Cantonad, a la que tanto cuidó, le habrá concedido indulgencias plenarias. Hoy, para mí, es un auténtico placer escuchar sus conocimientos y su sabiduría. Aunque no le vimos físicamente sí le sentimos como a tantos otros que ya no están.


BRAVO

Por la educación de un niño. Observe como un niño muy pequeño, de unos cuatro, cinco años se afanaba por coger folletos turísticos y no se veía harto. Se le caían pero él seguía empeñado en cogerlos todos. Al percatarse su madre (me imagino) se los recogió de los brazos y le dio uno solo. El niño lo cogió y dijo: GRACIAS. 



BRAVO POR LA PRIMAVERA.

 
 
     
 

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